"Todo en esta vida nos es útil, si tenemos interes en aprovecharlo" A. Calder

foto perfil: Fernando Aceves

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lunes, 4 de abril de 2011

Nos vemos luego


"El encuentro de dos impuntualidades es lo más parecido a la cita perfecta".

Eso fue lo primero que dijo cuando nos encontramos por tercera vez sin habernos llamado antes, sin ponernos de acuerdo. Ni siquiera teníamos nuestros números de teléfono, en gran parte porque él no tenía celular, decía que salía de su casa para no sentirse atado y el teléfono lo ponía en un estado de "perseguido" o al menos de "invadido" en su andar cotidiano por diferentes caminos (no calles) de las ciudades más grandes del mundo.

A pesar de las piedras en el camino, el frío en los brazos y el peso de llevar en la mente y el corazón una creatividad especial, auto-suficiente, los pasos de Adolfo nunca dejaron de ser constantes y firmes, avanzando entre los rincones de la vida que las personas le prestaban para que las llenara con registros graves y tonalidades azules. Armado con un sax tenor y con la actitud de "aquí y ahora", nos enseñó que el tiempo es relativo y que cada uno hace que la Tierra gire a la velocidad que indican los pasos que damos sobre ella. Una vez hicimos un tema que trataba de unos niños que se divertían acelerando el día y alargando la noche dándole cuerda al planeta o tirando un ancla hacia la nada. De ese tema solo tengo el recuerdo de lo que sentí cuando terminamos de tocar, kilómetros de carcajadas nos impidieron continuar, aprendimos que el lenguaje de la música nos estaba abriendo los sentidos para aplicarlos a cualquier otro lenguaje, como el de la sabiduría, el de la felicidad y en el idioma que aprendimos desde niños.

De pronto era habitual encontrar, en un día cualquiera, un sax atravesado entre el tráfico, el ocaso, los arboles y los bunkers disfrazados de restaurantes. Hace años que no sucede, no he vuelto a escuchar ese sax mas que en mi memoria. Trato de no pensar en eso, como haciendo que me distraigo para provocar que vuelva a suceder. Obviamente no pasa, esta danza del encuentro no programado es insobornable. Mi mente me pone una cama suave en medio de la luz y me platica que esas tonalidades azules están acompañando el camino de los gitanos que le han dado abrazos a Adolfo, se lo merece.

Aquí abajo, un regalo que conservo como pretexto para no olvidarme de uno de mis mejores amigos.






"NARDIS"
óleo sobre madera
2004

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